La Corporalidad en "El Amor en los Tiempos del Cólera": La vejez
3.-La vejez:
Una de las cosas que más me ha llamado la atención en esta obra ha sido la forma en que habla sobre envejecer, la descripción tan exhaustiva de los cambios físicos y mentales que esto supone que hace el autor es sublime. También se narra la forma en que cada personaje se percibe a sí mismo durante el proceso, con detalles simples como la caída de pelo de Florentino Ariza, o la dificultad de subir un escalón de Fermina Daza. Para una lectora joven como lo soy yo, la vejez se ve como algo lejano y desconocido y, sin embargo, García Márquez consigue que de verdad lo entiendas y te sumerjas en ello, con fragmentos como el siguiente:
"Hasta los cincuenta años no había sido consciente del tamaño y el peso y el estado de sus vísceras. Poco a poco, mientras yacía con los ojos cerrados después de la siesta diaria, había ido sintiéndolas dentro, una a una, sintiendo hasta la forma de su corazón insomne, su hígado misterioso, su páncreas hermético, y había ido descubriendo que hasta las personas más viejas eran menores que él, y que había terminado por ser el único sobreviviente de los legendarios retratos de grupo de su generación. Cuando se dio cuenta de sus primeros olvidos, apeló a un recurso que le había oído a uno de sus maestros en la Escuela de Medicina: "El que no tiene memoria se hace una de papel". Sin embargo, fue una ilusión efímera, pues había llegado al extremo de olvidar lo que querían decir las notas recordatorias que se metía en los bolsillos, recorría la casa buscando los lentes que tenía puestos, volvía a darle vueltas a la llave después de haber cerrado las puertas, y perdía el hilo de la lectura porque olvidaba las premisas de los argumentos o la filiación de los personajes. Pero lo que más le inquietaba era la desconfianza que tenía en su propia razón: poco a poco, en un naufragio ineluctable, sentía que iba perdiendo el sentido de la justicia.”
En este fragmento se describe de forma magistral, cruda y realista los achaques típicos de la vejez, como los dolores en el cuerpo, la ausencia de memoria y hasta la demencia senil. Aunque esta última alcanza su máximo esplendor en la novela en la madre de Florentino Ariza, quien acaba sus días sin ser siquiera consciente de quien era o que tipo de relación le unía con su hijo.
Al ser la novela una historia de amor a lo largo de los años, el que los protagonistas llegasen a la tercera edad era inevitable y el autor lo lleva de una manera genial.
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